El estrés no es una fuerza misteriosa que aparece de la nada.
Proviene de hábitos y decisiones muy concretas que uno toma, a menudo sin darse cuenta.
La mayor parte del estrés que sientes no procede de tu trabajo en sí, sino de cómo te enfrentas a él.
Los plazos innecesarios, la dilación y los conflictos tácitos son los principales culpables.
Pero, ¿la buena noticia? Hoy puedes hacer algo al respecto.
1. La procrastinación: el asesino silencioso de tu tranquilidad
Todo el mundo aplaza las cosas de vez en cuando. Pero la procrastinación es una maestra del disfraz. Te hace creer que estás ganando tiempo, cuando en realidad sólo estás acumulando estrés.
Piense en las tareas que llevan días, semanas o incluso meses en su lista de pendientes. Cada vez que las ves, te corroe un sentimiento de culpa. "Tengo que hacerlo", te dices. Pero en lugar de pasar a la acción, buscas excusas: "Ahora no tengo tiempo" o "Estoy esperando el momento adecuado".
Sin embargo, ese momento adecuado nunca llega.
Solución: la regla de los "dos minutos
Afronte sus tareas inmediatamente siguiendo la regla de los "dos minutos": si algo le lleva menos de dos minutos, hágalo inmediatamente. Si la tarea lleva más tiempo, planifica cuándo la harás y cúmplelo.
Deja de llenarte la cabeza de "tareas pendientes" y regálate la tranquilidad de las acciones completadas.
2. Plazos innecesarios: no eres un robot
Algunos plazos son necesarios. Pero muchos plazos son pura ficción, creados por ti o por otros que no piensan detenidamente.
¿Cuántas veces ha aceptado un plazo ajustado, sólo para andar cazado durante días?
A veces te pones plazos poco realistas, simplemente porque crees que así debe ser. Prometes terminar algo en un plazo imposible y luego te encuentras estresado y con exceso de trabajo.
¿Por qué? Porque te atrapaste en un horario que nunca fue factible.
Solución: pregúntese si el plazo es realmente necesario
Cuando alguien te dé un plazo, haz siempre la pregunta:
"¿Por qué tiene que ser en esa fecha exacta?"
A menudo resulta que hay margen. Ponte también plazos realistas y atrévete a decir "no" a presiones de tiempo sin sentido.
Aprenda a programar el trabajo con naturalidad, en lugar de estresarse innecesariamente.
El ritmo adecuado no sólo le dará mejores resultados, sino también mucha más tranquilidad.
3. Conflictos tácitos: fantasmas en la cabeza
Una de las mayores fuentes de estrés no es lo que haces, sino lo que no haces:
es decir, decir las cosas que hay que decir.
Ya sabes lo que hay que hacer: ese colega o empleado que no para de darte trabajo, ese amigo que sobrepasa tus límites o ese supervisor que tiene expectativas poco realistas.
En lugar de abordarlo, deja que se cocine a fuego lento.
Te quejas, te enfadas y, antes de que te des cuenta, el problema que tienes en la cabeza es mucho mayor de lo que realmente es.
Solución: decir lo que hay que decir
La mayoría de los conflictos no se resuelven solos. Casi nunca.
De hecho, si no dices nada, la otra persona suele pensar que todo va bien.
Es tu responsabilidad trazar la línea y dejar claro lo que quieres y, lo que es más importante, lo que no quieres.
Una forma sencilla de hacerlo es utilizar el "mensaje yo":
- "Me encuentro sobrecargado de trabajo si sigo recibiendo tareas extra. ¿Cómo podemos garantizar un reparto más justo de la carga?".
- "Me siento incómodo cuando haces este tipo de comentarios. Quiero que dejes de hacerlo".
Claro, respetuoso y sin dramatismos.
Verás que la mayoría de la gente está dispuesta a mudarse contigo si indicas tus necesidades.
Y si no, puedes despedirte de ellos.
4. La combinación de todo: romper la cadena del estrés
La procrastinación, los plazos innecesarios y los conflictos tácitos no son problemas separados. Se refuerzan mutuamente.
Al aplazar las tareas, te obligas a cumplir plazos muy ajustados. Esos plazos te estresan y te quitan las ganas de mantener conversaciones difíciles.
Y así sigues dando vueltas en círculos.
Pero aquí está el truco: si resuelves uno de estos problemas, el resto también te resultará más fácil. Empieza poco a poco:
- Termine una tarea que haya estado posponiendo.
- Amplíe un plazo a una fecha más realista.
- Ten una conversación que has estado evitando.
Ese paso te da inmediatamente espacio mental y energía para ir más allá. Te lo prometo.
No hace falta ser un superhéroe.
Lo único que tienes que hacer es decidir que ya no te apetece el estrés innecesario.
Con el entrenamiento mental adecuado, puedes afrontar mejor el estrés de forma inmediata.
Conclusión: menos estrés de inmediato
El estrés no procede del trabajo ni de otras personas.
Viene de cómo manejas tus tareas, tu tiempo y tus límites.
Abordando la procrastinación, estableciendo plazos realistas y comprometiéndote con los demás, puedes eliminar al instante gran parte de tu estrés.
Empieza hoy mismo.
Elige una cosa de este artículo y hazla ahora.
Lo notarás: menos estrés al instante.
Y eso es exactamente lo que necesitas.
También tengo 4 reglas generales para la paz interior que pueden ayudarte con esto.
¿Deshacerte de tu estrés y hacer aquello para lo que fuiste creado?
Mientras tanto, he asesorado a cientos de empresarios y ejecutivos en más de mil conversaciones, lo que les ha ayudado a conseguir los resultados que usted probablemente tiene en mente.
En mi papel de Business Coach, llevo más de 25 años guiando a empresarios en la venta exitosa de sus negocios.
Leer más blogs
Estas 3 emociones te dan fuerza y dirección
Codependencia: una deconstrucción psicológica completa




