Todos nos encontramos con personas que parecen amables a primera vista, pero que dejan un regusto desagradable al cabo de un tiempo.
Esto suele deberse a que hay una gran diferencia entre ser "amable" y ser "desagradable".
Aunque ambos comportamientos puedan parecer inicialmente amables y cordiales, sus motivaciones subyacentes son completamente diferentes.
En esta entrada del blog, profundizamos en la distinción entre amable y desagradable, y analizamos la mejor manera de tratar con ambos tipos de personas. También explicamos que ser amable no siempre significa ser amistoso, y que a veces la confrontación puede ser la forma más sincera de amabilidad.
Agradable o desagradable: ¿cuál es la diferencia?
La distinción inglesa entre "kind" y "nice" ofrece un buen punto de partida. Mientras que "kind" representa la amabilidad genuina y sincera, "nice" suele referirse a la amabilidad superficial, quizá más centrada en mantener las normas sociales o evitar la confrontación. En neerlandés, podemos traducirlo como agradable (auténtico) y desagradable (falso). Ambas palabras parecen iguales a primera vista, pero tienen diferencias sutiles e importantes.
- Amables: Las personas realmente amables son genuinas y auténticas. Se preocupan por tus intereses y muestran su amabilidad sin segundas intenciones. Te dan consejos sinceros aunque te resulten incómodos. Se toman tiempo para escuchar y están presentes cuando las necesitas, sin agendas ocultas. Su bondad nace de la empatía y del deseo de ayudar a los demás.
- Desagradable: En el otro lado están las personas desagradables, cuya amabilidad es superficial y estratégica. Pueden parecer amables, pero sus palabras o acciones suelen ser huecas o estar diseñadas para quedar bien. Este tipo de personas utilizan las llamadas "chucherías celestiales", como "Aburrido para ti", "Qué pena que pienses así" o "Ésa es tu opinión". Aunque estos comentarios parezcan educados, a menudo pretenden mantener a la otra persona a distancia y evitar una conexión real. Las personas desagradables suelen ser falsas y se centran más en cómo dan la cara que en lo que realmente aportan a la interacción.
¿Cómo se reconoce lo bueno y lo malo?
La principal diferencia entre lo agradable y lo desagradable reside en la autenticidad. Ser amable significa ser coherente en el trato con la gente. Ser desagradable significa adaptar tu comportamiento para conseguir determinados resultados o evitar enfrentamientos incómodos.
He aquí algunas señales para reconocer la diferencia:
- Apoyo sincero frente a apoyo superficial: las personas auténticamente amables ofrecen apoyo genuino, incluso si eso significa enfrentarse a ti con verdades difíciles. Las personas desagradables solo dicen lo que creen que quieres oír para mantener su propia posición.
- Escuchar frente a desairar: La gente amable te escucha de verdad y se toma su tiempo para entenderte. Las personas desagradables suelen dar respuestas estándar, como "Perdona que te moleste" o "Eso me da miedo", sin empatizar realmente con lo que estás diciendo. Suele dar la sensación de que te dan de lado en lugar de pensar contigo.
- Empatía frente a indiferencia: ser amable surge de una empatía genuina. A menudo, la amabilidad carece de emoción e incluso puede resultar indiferente, ya que suele ser un comportamiento socialmente deseable sin un compromiso más profundo.
Ser amable no siempre tiene que ser simpático
Una idea errónea muy extendida es que ser simpático siempre equivale a ser amable o amable. En realidad, no siempre es así. De hecho, ser amable tiene más que ver con la sinceridad que con evitar la confrontación o ser siempre cortés. A veces, ser amable significa ser claro, aunque pueda resultar conflictivo o incómodo para la otra persona.
La verdadera bondad consiste en ayudar a alguien, aunque eso signifique sacarlo de su zona de confort. Por ejemplo, puedes señalar un error o un patrón de comportamiento preocupante a un amigo o colega, no porque quieras criticarlo, sino porque quieres que crezca o mejore en lo que hace. Puede que esta forma de honestidad no se perciba inicialmente como "amable" porque puede causar tensiones, pero es una forma de amabilidad mucho más valiosa a largo plazo.
Amabilidad a través de la claridad: el poder de la confrontación
Imagina que un amigo tuyo tiene que hacer una presentación importante, pero su preparación está claramente por debajo del nivel. Si eres muy simpático, no le dices "Seguro que saldrá bien, no te preocupes" cuando sabes que va a dejar una mala impresión. En lugar de eso, dices, por ejemplo: "Creo que deberías prestar más atención a esto, porque veo que no estás totalmente preparado. Eso puede entorpecer tu presentación". Puede que te duela oírlo en ese momento, pero le estás ayudando mucho más con esto que con un comentario amable pero poco sincero que pase por alto la realidad.
En el ámbito profesional ocurre lo mismo. Imagínate a un colega que incumple repetidamente los plazos o entrega un trabajo chapucero. Una persona desagradable no diría nada para evitar la confrontación y dejaría que el problema existiera. Por el contrario, una persona verdaderamente amable entablará una conversación, dará su opinión con sinceridad y puede que incluso critique, pero siempre con la intención de ayudar. Este enfoque puede resultar incómodo para quien lo recibe, pero en última instancia contribuye a su crecimiento personal o profesional.
Por qué la claridad de la confrontación es la adecuada
Ser claro, aunque suponga una confrontación, es en muchos casos una señal de respeto y compromiso. Cuando das a alguien una respuesta clara o le indicas un error, demuestras que te preocupas por su bienestar o su éxito. Al fin y al cabo, te has tomado el tiempo y el esfuerzo de ayudarles en lugar de ignorar el problema. Esta es la esencia de la verdadera amabilidad: estar dispuesto a contribuir, de forma sincera, al bienestar de la otra persona, aunque le cause una incomodidad temporal.
Además, la claridad suele evitar problemas mayores en el futuro. Una conversación sincera y confrontativa puede evitar a alguien errores o inconvenientes mayores en el futuro. Por ejemplo, al corregir ahora un error de un compañero, le ayudas a evitar cometer el mismo error durante un proyecto o una presentación importante. Este tipo de honestidad, aunque sea confrontativa, puede evitar mucho sufrimiento y malentendidos a largo plazo.
El equilibrio entre claridad y respeto
Por supuesto, es importante encontrar un equilibrio entre claridad y respeto. Ser amable no significa decir lo que uno piensa sin tener en cuenta los sentimientos de los demás. La forma de confrontar debe basarse siempre en el respeto y la empatía. Por ejemplo, puedes decir algo como: "Quiero decirte esto porque creo que puede ayudarte y quiero que tengas éxito". Esto deja claro que tus intenciones son positivas, aunque tu mensaje sea difícil de escuchar.
Conclusión
Aunque las personas agradables y desagradables parecen iguales a primera vista, la diferencia en sus motivaciones subyacentes es significativa. Las personas agradables son genuinas, auténticas y actúan por empatía, mientras que las desagradables son superficiales y se preocupan sobre todo por su imagen. Reconocer esta diferencia te ayudará a tratar mejor con las distintas personalidades de tu vida. Con las personas agradables puedes establecer relaciones sólidas y sinceras, mientras que con las desagradables aprendes a poner límites y a no tomarte su comportamiento como algo personal.
Por otra parte, ser amable no siempre significa ser amable o gentil. A veces significa decir la verdad, aunque sea conflictiva o incómoda. De hecho, la amabilidad genuina puede significar ayudar a alguien confrontándolo con la realidad, lo que en última instancia le ayudará más que las bromas superficiales y sarcásticas.
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En mi papel de Business Coach, llevo más de 25 años guiando a empresarios en la venta exitosa de sus negocios.
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