No hay nada que ganar en el triángulo del drama
Lo que es consciente lo controlas; lo que no es consciente lo controlas tú.
== Anthony de Mello, líder espiritual y autor
El modelo del triángulo dramático
Todos los conocemos. Esas conversaciones que degeneran en un gran drama en poco tiempo sin que parezcas tener control sobre ellas. Las culpas van de un lado a otro y parece que no hay salida. El psicólogo social estadounidense Steven Karpman ha acuñado un nombre adecuado para este fenómeno: el triángulo dramático.
Este modelo proviene del Análisis Transaccional, que contempla la interacción humana desde los diferentes roles que podemos ocupar. Según Karpman, cada persona tiene tres estados del yo en su interior: el padre, el niño y el adulto. El padre se adhiere a las declaraciones de sus propios padres y/o educadores desde los primeros años de vida. El niño reacciona de forma primitiva y emocional. Esto contrasta con el adulto, que vive en el aquí y ahora y, por tanto, no reacciona a partir de las emociones almacenadas.
Los tres estados del ego
Por eso, cuando inicias una conversación, siempre lo haces desde uno de los tres estados del ego. Y lo mismo ocurre con su interlocutor. Si todos nos comunicáramos siempre desde el estado del ego adulto, habría muy pocas discusiones. Por desgracia, la práctica es muy diferente. Con demasiada frecuencia, reaccionamos basándonos en experiencias pasadas e irritaciones reprimidas.
El drama está siempre y en todas partes al acecho. Una pregunta inocente puede ser el detonante de una fuerte discusión o un choque emocional. Según Karpman, no es tanto el contenido del mensaje como su naturaleza lo que determina la reacción de la otra persona. Así, sin ser conscientes de ello, dirigimos en gran medida la reacción de otra persona.
Los tres jugadores
El modelo del triángulo dramático distingue, por tanto, no sólo los papeles que desempeñamos, sino también las diferentes posiciones que podemos adoptar dentro de una conversación. El triángulo dramático tiene tres "posiciones dramáticas": el salvador, la víctima y el acusador. Estos tres se relacionan entre sí según un patrón establecido.
El salvador es el que ayuda, el que cree que sabe lo que es bueno para el otro y, por tanto, suele destacar por sus consejos no solicitados.
La víctima está bien con esta posición de dependencia y prefiere no asumir la responsabilidad por sí misma. Al mismo tiempo, se quejan ante los demás de todas las injusticias que se cometen con ellos.
El tercer y último actor es el acusador. Éste señala los defectos de los demás y quiere demostrar que tiene razón a toda costa.
El arte dramático es el teatro, la vida, la huida de la vida, la alegría y la tristeza, todo en uno.
== Rebekah Adams, autora
Ser suave con la persona y duro con la sustancia
Sea cual sea el papel que adoptes -y eso puede cambiar incluso dentro de una conversación-, nunca es el correcto. Porque el triángulo dramático no tiene ganadores. En este sentido, la similitud con el Triángulo de las Bermudas es grande. Te absorbe y no hay forma de salir. Aunque, en el caso del triángulo dramático, puedes aprender a salir. Algo que, en el caso del Triángulo de las Bermudas, nadie ha conseguido todavía. Esto empieza por reconocer que has caído en el triángulo del drama. Por muy difícil que sea a veces y por muy sutiles que sean los indicios de ello.
Una vez que te das cuenta de que has entrado en el triángulo del drama, sólo queda una cosa que importa. ¡Salgan muy rápido! Porque no hay nada que ganar para nadie. Por supuesto, no siempre se puede evitar. Pero puedes aprender a dirigirlo. Por ejemplo, sea consciente de lo que dice, de la forma en que lo dice y de cómo puede interpretarlo otra persona. Pero, desde luego, no se anda con rodeos. Hay que ser "suave con la persona y duro con la sustancia", por así decirlo.
Tomar decisiones con la cabeza fría y el corazón caliente
Nunca tomes decisiones mientras estés en el triángulo del drama. Al fin y al cabo, las decisiones deben tomarse con la cabeza fría y el corazón caliente. Y no al revés. Un tiempo muerto siempre hace bien. Primero consúltalo con la almohada y toma distancia constructiva. Pero no te distancies. Porque entonces desconectas tus emociones, y esa nunca es la intención. Piensa detenidamente en lo que quieres conseguir y trata de superarlo. Pregúntate qué está pasando realmente y ponte en el lugar de la otra persona. Y nunca asuma el papel de víctima, por muy tentador que sea.
Alcanza antes tus objetivos
Sin embargo, una vez que usted mismo ha salido del triángulo dramático, es prudente ver si su interlocutor logra hacerlo. De lo contrario, es como comunicarse con alguien que está borracho. Al fin y al cabo, tiene que venir de ambas partes. Pero si uno mismo sale de ella, la otra persona suele seguirla de forma natural. Si no es así, harías bien en terminar la conversación y preguntarte si este contacto o relación tiene futuro. Afortunadamente, en la mayoría de los casos no hay que llegar a eso. Porque cuanto mejor aprenda a gestionar este tipo de conversaciones, mejor será el resultado. Esta habilidad social no sólo beneficia a tu carrera social -por ejemplo, es una herramienta importante en las negociaciones- sino también a tu vida privada.
Logras tus objetivos antes y consigues una vida mejor en general.






