En el triángulo de poder, las personas suelen quedarse atrapadas en una de las tres posiciones destructivas de poder:
- omnipotencia
- impotencia, y
- lucha de poder.
Esta dinámica surge cuando los individuos intentan eludir su responsabilidad y mantener su inocencia echando la culpa a los demás.
En cada posición, el pensar, el sentir y el hacer se ven afectados de diferentes maneras, lo que conduce a la autojustificación y a patrones destructivos.
Este artículo explora cómo funcionan estas posiciones de poder, cómo se relacionan entre sí y cómo liberarse de este círculo vicioso.
1. Omnipotencia: el papel salvador
La omnipotencia gira en torno al deseo de control total. Las personas omnipotentes se ven a sí mismas como las salvadoras responsables del éxito de los demás o de una situación. Justifican su control creyendo que su intervención es necesaria y ven sus acciones como indispensables. En esta posición predomina el pensamiento, y las personas razonan constantemente por qué es necesario su control. Se suprimen los sentimientos, ya que las emociones se consideran una debilidad. El hacer se centra en controlar la situación y dirigir a los demás.
Cómo se ve a sí misma la omnipotencia:
Las personas omnipotentes se ven a sí mismas como las salvadoras de las situaciones. Creen que sin su control, todo iría mal. Se sienten inocentes porque creen que sus acciones son siempre por el bien de los demás.
Cómo la omnipotencia considera las otras posiciones:
- Impotencia: Las personas en omnipotencia ven la impotencia como algo débil, pasivo e indefenso. Condenan a los impotentes por no asumir responsabilidades y depender de otros para salvarse. Los ven incapaces de actuar de forma independiente y creen que deben intervenir.
- Lucha de poder: las personas omnipotentes perciben las luchas de poder como desestabilizadoras y peligrosas. Consideran a los que luchan por el poder caóticos, amenazadores y que intentan socavar su control. La omnipotencia condena las luchas de poder por irracionales y busca formas de neutralizarlas y restablecer el orden.
Ejemplos de actitud, pensamiento y comportamiento en la omnipotencia:
Actitud:
- "Sé lo que es mejor para ti".
- "Sin mi liderazgo, todo va mal".
- "Mostrar vulnerabilidad es un signo de debilidad".
- "Soy responsable del éxito de este proyecto".
- "Otros no entienden la situación como yo".
- "Tengo que tomar las riendas para evitar el caos".
- "Tengo que proteger a los demás de sus propios errores".
- "Mi trabajo es asegurarme de que todo funcione bien".
Pensamientos:
- "Si no me hago cargo, todo va mal".
- "Soy el único que entiende la situación".
- "Mi camino es el único correcto".
- "Si los demás siguen mis instrucciones, todo va bien".
- "No puedo cometer errores".
- "Sin mi aportación, todo se me va de las manos".
- "Tengo que tenerlo todo bajo control para garantizar el éxito".
- "Otros no tienen la perspicacia que yo tengo".
Comportamiento:
- Otros controlan para controlar el resultado.
- Orgullo y terquedad. Tomar decisiones sin consultar.
- Aceptar los problemas de los demás sin implicarlos.
- Dar consejos no solicitados y esperar que se sigan.
- Ignorar o minimizar las emociones de los demás.
- No compartir responsabilidades para mantener el control. Martirio.
- La inocencia. Ocultar los errores y culpar a los demás cuando algo sale mal.
- Corregir a los demás cuando no cumplen las expectativas.
Cómo la omnipotencia preserva la inocencia:
En la omnipotencia, mantienes tu inocencia creyendo que tu control es necesario y que actúas en interés de los demás. Cuando las cosas van mal, atribuyes la responsabilidad a los demás, por ejemplo diciendo que no siguieron bien tus instrucciones.
Pensar, sentir y hacer en omnipotencia:
- Predomina el pensamiento: racionalizas por qué tu control es esencial y por qué debes estar al mando.
- Se suprimen los sentimientos: se ignoran emociones como la duda y el miedo porque podrían socavar el control.
- El hacer se centra en la acción para controlar la situación. Tomas decisiones por los demás sin contar con su opinión.
Cómo abrirse paso a través de la omnipotencia: empatía en lugar de intromisión
Para atravesar la omnipotencia, primero debes entregarte a tu dolor, aislamiento y soledad. Además, debes aprender a compartir responsabilidades y mostrarte vulnerable. Esto implica aceptar que no puedes controlarlo todo y dar espacio a los demás para que tomen sus propias decisiones. Al soltar este control, puedes construir relaciones más sanas e igualitarias.
2. Impotencia: el papel de víctima
En la posición de impotencia, las personas se ven a sí mismas como víctimas de circunstancias que escapan a su control. Culpan a otros o a factores externos de sus problemas y permanecen pasivos, creyendo que no pueden cambiar nada. En la impotencia dominan los sentimientos, con emociones como el miedo, la impotencia y la culpa que les paralizan. El pensamiento se ve limitado por estas emociones, y el hacer es mínimo porque están convencidos de que cualquier acción es inútil.
Cómo se ve a sí misma la impotencia:
Las personas en situación de impotencia se ven a sí mismas como impotentes y consideran que su situación escapa a su control. Se sienten inocentes porque creen que no pueden hacer nada para cambiar su situación. Esperan que los demás resuelvan sus problemas por ellas.
Cómo la impotencia considera las otras posiciones:
- Omnipotencia: Las personas en omnipotencia ven la omnipotencia como algo dominante y controlador. Se sienten pequeñas y dependientes, y creen que las personas en omnipotencia no las toman en serio. Ven a la omnipotencia como entrometida y condescendiente y condenan a estas personas por no darles espacio para tomar sus propias decisiones. Las personas en situación de impotencia se sienten dominadas, oprimidas y negadas por la omnipotencia.
- Lucha de poder: Las personas en situación de impotencia perciben las luchas de poder como intimidatorias y amenazadoras. Ven a los que luchan por el poder como agresivos y evitan el conflicto, lo que refuerza aún más su pasividad. Permanecen pasivos con la esperanza de que otros resuelvan el conflicto por ellos.
Ejemplos de actitudes, pensamientos y comportamientos de impotencia:
Actitud:
- "No puedo hacerlo, es demasiado duro".
- "Todo está en mi contra".
- "Nadie me escucha".
- "No tengo control sobre mi vida".
- "Soy víctima de mis circunstancias".
- "No tiene sentido intentar nada".
- "Otros deberían resolverlo por mí".
- "Soy demasiado débil para cambiar nada".
Pensamientos:
- "Haga lo que haga, no hay diferencia".
- "Todo esto es culpa de los demás".
- "Nunca puedo hacer nada bien".
- "No tengo control sobre mi situación".
- "¿Por qué debería molestarme? Fracasaré de todos modos".
- "Nadie entiende por lo que estoy pasando".
- "Es culpa suya que esté en esta situación".
- "No tengo poder sobre lo que ocurre".
Comportamiento:
- Quejarse sin actuar.
- Mostrar un comportamiento pasivo-agresivo.
- Eludir la responsabilidad permaneciendo inactivo.
- Depender de otros para resolver problemas. Fusionarse con otros.
- No mostrar ninguna iniciativa para lograr el cambio.
- Evitar la confrontación. Sufrir mejor que entrar en conflicto.
- Retrasar las decisiones por miedo al fracaso.
- Mostrar autocompasión ante las dificultades.
Cómo la impotencia conserva la inocencia:
En la impotencia, mantienes tu inocencia culpando a los demás o a factores externos. Permaneces pasivo, creyendo que no tienes control sobre tu situación, y esperas a que otros resuelvan tus problemas por ti.
Pensar, sentir y hacer en la impotencia:
- El pensamiento se ve ensombrecido por sentimientos de impotencia y miedo, lo que dificulta el pensamiento racional.
- El sentimiento domina: el miedo, la impotencia y la culpa te paralizan.
- El hacer es mínimo: no pasas a la acción porque estás convencido de que, de todos modos, no tiene sentido.
Cómo superar la impotencia: de la indefensión a la autenticidad
Para salir de la impotencia, debes aprender a responsabilizarte de tus propias elecciones y acciones, y dar prioridad a tus deseos. Tomando medidas activas para mejorar tu situación y hacer realidad tus deseos, te liberas del victimismo y redescubres tu propio poder.
3. Lucha de poder: el papel de la fiscalía
La posición de lucha de poder consiste en competir, dominar y ganar los conflictos. Las personas en este rol ven cada interacción como una lucha por el poder e intentan mantener su inocencia echando toda la culpa a la otra persona. Se sienten justificadas para actuar de forma agresiva o asertiva porque están convencidas de que tienen que luchar para ganar. En esta posición domina el hacer: las acciones son impulsivas y a menudo agresivas, y el objetivo es derrotar al oponente. El pensamiento desempeña un papel secundario al idear estrategias para superar al otro, mientras que el sentimiento se suprime en gran medida porque emociones como la empatía o la duda se consideran debilidades.
Cómo se ven las luchas de poder:
Las personas que luchan por el poder se ven a sí mismas como luchadores que deben pelear para sobrevivir o mantener su posición. Se sienten inocentes porque creen que su agresividad es necesaria para protegerse a sí mismos y a sus seres queridos o para ganar. El objetivo es demostrar que tienen razón, y ven cualquier compromiso como debilidad.
Cómo las luchas de poder consideran las otras posiciones:
- Omnipotencia: Las personas que luchan por el poder ven la omnipotencia como algo controlador, arrogante y paternalista. Ven a las personas en omnipotencia como alguien que intenta suprimir su libertad diciéndoles lo que tienen que hacer. Los que luchan por el poder ven a la omnipotencia como un enemigo al que hay que desafiar y derrotar porque intenta hacerse con el control sobre ellos. Ven a la omnipotencia como alguien que intenta dominarles u oprimirles. Como alguien que niega su autonomía.
- Impotencia: Las personas que luchan por el poder ven a los que carecen de él como débiles e inútiles. Desprecian a las personas en la impotencia por no luchar y dejarse oprimir a sus ojos. Los que luchan por el poder ven la impotencia como algo cobarde y opuesto a su propia actitud combativa.
Ejemplos de actitudes, pensamientos y comportamientos en las luchas de poder:
Actitud:
- "Tengo que ganar, de lo contrario lo perderé todo".
- "Soy yo contra el otro. Mi voluntad es más fuerte que la tuya".
- "La otra persona intenta socavarme".
- "Si no lucho, seré derrotado".
- "El otro es el enemigo. Yo valgo más que el otro".
- "Perder no es una opción. Mejor caer luchando que rendirse".
- "Tengo que proteger mi posición".
- "El otro nunca me ganará".
Pensamientos:
- "Tengo que ganar, de lo contrario lo perderé todo".
- "La otra persona intenta hundirme".
- "Si cedo, soy débil".
- "Tengo que luchar para demostrar que tengo razón".
- "Es una batalla a vida o muerte".
- "La otra persona quiere ocupar mi puesto".
- "No puedo permitirme perder".
- "Tengo que mantenerme fuerte y no mostrar debilidad".
Comportamiento:
- Buscar enfrentamientos para ganar ventaja. Exigente.
- Reaccionar agresivamente ante las críticas o la oposición. Comportamiento de lucha. Comportamiento retorcido.
- Tomar decisiones rápidas e impulsivas para vencer a la otra persona.
- Presionar al otro para reforzar su propia posición. Batalla de voluntades.
- Las discusiones o conflictos se intensifican para ganar la partida.
- Busca un chivo expiatorio. Acusa y culpa al otro de los problemas.
- No dar cabida al compromiso porque se considera una debilidad. Comportamiento autoritario.
- Hacer comentarios provocadores para desestabilizar a la otra persona.
Cómo las luchas de poder preservan la inocencia:
En las luchas de poder, mantienes tu inocencia creyendo que la otra persona es el enemigo y que tu agresión está justificada. Crees que sólo actúas para protegerte a ti mismo o a tus seres queridos o para demostrar que tienes razón, eximiéndote así de culpa. El objetivo es derrotar a la otra persona para demostrar que eres inocente y estás en tu derecho.
Pensar, sentir y hacer en la lucha por el poder:
- Pensamiento: En las luchas de poder, el pensamiento se utiliza principalmente para idear estrategias para derrotar a la otra persona. Se idean formas de ser más astuto que el oponente, pero la deliberación racional o la empatía apenas tienen lugar.
- Sentimientos: Las emociones como la empatía o la duda se suprimen porque se consideran un riesgo. Mostrar vulnerabilidad se ve como una debilidad que puede explotar el adversario.
- Hacer: La acción domina en las luchas de poder. Actúa de forma impulsiva y agresiva, centrándose en ganar el conflicto. Deja poco espacio para el compromiso y aumenta las confrontaciones para ganar. Hacer o morir.
Cómo superar las luchas de poder: de la acusación a la asertividad
Para salir de las luchas de poder, hay que admitir que se está perdido, que se está atascado, y aprender a mostrar empatía y vulnerabilidad. Esto implica reconocer que ganar no siempre es la solución, y que la cooperación y la comprensión a menudo conducen a mejores resultados que la confrontación. Hay que permitirse dejar de lado la lucha y dar cabida a soluciones constructivas que beneficien a ambas partes. De no atreverse a rendirse a entregarse al proceso y al universo.
Conclusión: Romper el triángulo de poder
El triángulo del poder muestra tres posiciones destructivas en las que pueden caer las personas cuando intentan mantener su inocencia evitando la responsabilidad. La omnipotencia tiene que ver con el control, la impotencia con la pasividad y las luchas de poder con la competición. Cada una de estas posiciones se centra en echar la culpa a los demás y eludir la responsabilidad de los propios actos.
La clave para salir de esta dinámica es encontrar un equilibrio entre pensar, sentir y hacer. Las personas omnipotentes deben aprender a compartir la responsabilidad y aceptar la vulnerabilidad. Las personas impotentes tienen que actuar y aprender que pueden influir en su situación. Las personas que luchan por el poder deben pasar de la victoria a la cooperación y aprender a mostrar empatía.
Al encontrar este equilibrio y asumir la responsabilidad de tus propias elecciones, puedes liberarte del ciclo destructivo del triángulo de poder y construir relaciones más sanas e igualitarias.
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Mientras tanto, he asesorado a cientos de empresarios y ejecutivos en más de mil conversaciones, lo que les ha ayudado a conseguir los resultados que usted probablemente tiene en mente.
En mi papel de Business Coach, llevo más de 25 años guiando a empresarios en la venta exitosa de sus negocios.
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